Los números primos son aquellos que sólo son divisibles por sí mismos y por la unidad. Además, estas cifras de comportamiento matemático extraño son cada vez menos comunes a medida que avanzamos en la continua e infinita consecución numérica. Pareciera como si por sus peculiaridades o rarezas estuviesen condenadas a la soledad.
Sobre esta idea el físico y escritor Paolo Giordano concibe La soledad de los números primos, una novela dulce y conmovedora que da vida a la historia de un par de seres especiales, unidos a través del tiempo, seguramente por ser los dos tan raros, diferentes y por estar tan incomprendidos e inadaptados como los números primos.
Mattia es un muchacho tímido e introvertido marcado por una tragedia ocurrida en su infancia y por la maldición que supone en muchos casos el tener una mente analíticamente privilegiada. A pesar de sus dificultades para relacionarse con el mundo y para mostrar empatía o cualquier otro sentimiento ajeno a los desarrollos matemáticos este personaje desgarbado, desastrosamente despreocupado y opaco consigue emocionar al lector con un magnetismo único y misterioso que sólo tienen las almas atormentadas.
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Ediciones Salamandra |
Alice, por su parte, es puro impulso y sensibilidad desordenada y vive obsesionada con controlar todo lo que ocurra o deje de ocurrir en su cuerpo, posiblemente porque sea lo único en su vida que es capaz de manejar. Ambos verán fluir sus destinos en paralelo desde la más tierna adolescencia, como quien se mira a un espejo y reconoce a un igual pero que, a pesar de que parezcan estar predestinados, nunca lleguen a unirse del todo, quizás porque se asemejan demasiado, porque la ecuación se vuelve más complicada a medida que añadimos variables o porque es cierto que los números primos han de estar aislados y cada vez más y más alejados de otros similares, igual de complejos, delicados y exóticos; igual de peligrosos para cualquier desarrollo matemático pues, al cabo, cualquiera con ciertas nociones de ciencias exactas sabe que este tipo de números, al igual que algunas personas, se comportan de forma extraña, o especial, como si atendiesen a unas leyes particulares.
Y es que lo mismo no hay un roto para todo descosido, lo mismo es eso lo que se dice a los niños para que no duela tanto, para que no se haga tan duro y puede que la verdad, la cruda verdad sea que no siempre la princesa encuentra a su príncipe azul, o a su escudero, o a su lacayo. O lo que quiera que busquen las princesas en los cuentos.